Sierra Leona enfrenta algunos de los desafíos estructurales más graves del mundo. Situado en el puesto 185 de 193 en el Índice de Desarrollo Humano (PNUD, 2023), el país continúa lidiando con las secuelas de la guerra civil, el brote de Ébola y la crisis provocada por la COVID-19. La pobreza sigue siendo generalizada: más de la mitad de la población sobrevive con menos de 2 dólares al día (PMA, 2025).
Estas cifras no son fruto del azar, sino de una compleja interrelación entre pobreza extrema, debilidad institucional y normas culturales que perpetúan la exclusión. En este contexto, el analfabetismo adulto alcanza el 57% (UNICEF, 2021), mientras que la mitad de los niños y niñas que dejan la escuela primaria no adquieren competencias básicas de lectura y escritura. Además, solo el 61% del profesorado de primaria cuenta con formación adecuada (UNICEF, 2021). Factores como el matrimonio precoz, la violencia de género, el trabajo infantil y el estigma hacia menores con discapacidad o en situación de calle agravan aún más el abandono escolar, especialmente entre las niñas.
En Freetown, el área urbana donde se concentra nuestro proyecto, las familias viven en barrios informales de alta densidad, con ingresos por debajo del umbral de pobreza y un acceso muy limitado a servicios financieros. La mayoría de los cuidadores depende de una única fuente de ingresos informal, y muchos niños y niñas trabajan para contribuir a la supervivencia del hogar, quedando fuera del sistema educativo.
Gracias al apoyo de la Fundación “la Caixa”, el proyecto “Mejorando el acceso a la educación a través del empoderamiento familiar en Freetown, Sierra Leona” busca dar respuesta a estas problemáticas mediante un enfoque integral.
La intervención combina acciones orientadas a cubrir necesidades inmediatas, como la identificación, matriculación y entrega de materiales escolares, con estrategias destinadas a reducir las barreras estructurales, fortaleciendo las capacidades económicas y el compromiso educativo de los hogares más vulnerables.
Durante los primeros seis meses de ejecución, hemos logrado:
Identificar y apoyar a 430 niños y niñas fuera del sistema escolar (199 niños y 231 niñas). De ellos, 215 son beneficiarios directos que han recibido kits escolares y apoyo para su matriculación en la educación formal. Los otros 215 son hermanos y hermanas que se benefician indirectamente a través del refuerzo económico a sus cuidadores.
Seleccionar a 150 cuidadores y cuidadoras altamente vulnerables (131 mujeres y 19 hombres) para participar en el Family Business for Education (FBE), un programa que combina formación empresarial, subvenciones en efectivo y acompañamiento para el ahorro.
Distribuir subvenciones para el emprendimiento a 150 cuidadores, permitiéndoles iniciar pequeños negocios que generen ingresos estables para cubrir los costos educativos de sus hijos e hijas.
Poner en marcha un esquema de ahorro incentivado de 10 semanas para fomentar la cultura del ahorro y la resiliencia económica familiar.
Realizar sesiones de asesoramiento individualizado y sensibilización domiciliaria para abordar barreras sociales como la violencia doméstica, el trabajo infantil o la discriminación de género que obstaculizan el acceso a la educación.
La ejecución no ha estado exenta de desafíos. Durante este período, nos enfrentamos a la implementación paralela de un proyecto gubernamental similar, lo que nos obligó a extremar los procesos de verificación y cruce de datos para evitar duplicidades. Como resultado, algunas actividades, como la identificación final de beneficiarios, la matriculación y la distribución de kits, sufrieron retrasos de hasta dos meses. Además, el calendario escolar, exámenes y vacaciones, ha condicionado el seguimiento de la asistencia, que hemos tenido que reprogramar.
Lejos de debilitar la intervención, estos ajustes han reforzado su calidad, transparencia y eficacia. Hemos priorizado una focalización precisa, garantizando que los recursos lleguen a quienes más los necesitan, y hemos fortalecido la coordinación con las autoridades educativas y los actores comunitarios.
A pesar de los retrasos, el compromiso de las familias ha sido extraordinario. La reducción del esquema de ahorro de 20 a 10 semanas (incrementando la contribución semanal) se ha adoptado con gran responsabilidad, y el acompañamiento de los trabajadores sociales y técnicos de negocio familiar está garantizando que los microemprendimientos despeguen con éxito.
Este proyecto es un claro ejemplo de cómo un enfoque integral, que combina acceso educativo, empoderamiento económico y fortalecimiento del compromiso familiar, puede romper el ciclo de pobreza y exclusión. Al poner en el centro a los cuidadores, especialmente a las mujeres, no solo facilitamos que sus hijos e hijas vayan a la escuela, sino que transformamos los hogares en agentes activos de su propio desarrollo.
Gracias de corazón al apoyo de la Fundación "la Caixa" por hacer posible esta intervención, y a Street Child of Sierra Leone por su incansable labor sobre el terreno.
Seguiremos trabajando para que ningún niño o niña en Freetown se quede sin la oportunidad de aprender, crecer y construir un futuro mejor.